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Manuel Alcalá

Nací en Madrid a finales del mes de diciembre de 1958.

Mi madre me contó que cuando tenía tres años vivíamos con la familia de su hermano mientras esperábamos la entrega de nuestra propia vivienda. Un día los adultos nos dejaron a los niños solos durante algunas horas al cuidado del primo mayor, pero parece que anduvo distraído y a la vuelta descubrieron que yo había pintado con un bolígrafo las paredes de la casa hasta donde mi brazo alcanzaba. Eso enojó terriblemente a mis tíos y precipitó nuestra salida de su hogar.

A los ocho años, a falta de paredes llenaba de garabatos los libros escolares y las monjas no terminaban de entender que un niño tan educado y buenecito no pudiera controlar ese desorden. Creo que es en esa época cuando descubrí mi vocación hacia el arte a pesar de que mis progenitores se empeñaban en decirle al mundo que yo iba a ser ingeniero aeronáutico. La vocación es algo que está ahí a pesar de uno y a veces es más un tormento que un gozo.

En la primera juventud, tras ser rechazado en la entonces Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de la Universidad Complutense de Madrid estudié varios cursos de Filosofía, pero abandoné la carrera porque yo quería ser pintor y filósofo y en la facultad sólo me enseñaban a ser profesor. También estudié con varios artistas en el Círculo de Bellas Artes. Guardo un especial recuerdo de José Guerrero, que amplió mi campo de batalla hacia la abstracción y me hizo tomar plena conciencia del hecho de ser pintor.
Y museos, muchos museos y galerías de arte, que es donde realmente aprendí el oficio.

Investigué las vanguardias del siglo XX y formé parte de diferentes grupos de artistas plásticos, del medio audiovisual y de las artes escénicas, hasta que descubrí que todo eso que hizo vibrar mi sensibilidad y me enseñó a mirar el mundo de una manera moderna estaba agotado.
En esa época estaban muy en boga las discusiones sobre la muerte del arte y escribí el libro de aforismos “Recetas para ser artista”, un conjunto de reflexiones para buscar luz y poner orden en mis ideas.

Cuando aparecieron los primeros ordenadores enseguida comprendí el poder de esa tecnología como apoyo a la creación, aprendí las bases de algunos lenguajes de programación y lo incorporé como una herramienta más para la realización de mis trabajos artísticos y profesionales en el campo del diseño gráfico, la ilustración y el mundo editorial.

En el 2009 volví la vista hacia el Barroco, recuperé el trabajo en equipo de mi etapa juvenil e involucré a otras disciplinas en la creación de mis obras: directores de cine y teatro, actores, bailarines, fotógrafos... y comencé el proyecto “El Pecado Original”. Trabajé sobre el punto de vista dramático y cinematográfico de la pintura. Diferentes ángulos de la misma escena. Tratar de capturar la acción mientras está sucediendo y huir de la actitud pasiva del posado.

De ahí nació el siguiente proyecto, “Traviata”, el primero de investigación sobre la narrativa transmedia desde la pintura, una idea pionera que buscaba poder definir, a través de la exploración del proceso creativo, la manera de contar historias desde los cuadros.
Convoqué a creadores del cine, el teatro, la música, la danza, la ópera, la fotografía y la moda para trabajar juntos con los mismos materiales, los mismos actores bajo los mismos focos para desmontar entre todos la ópera de Verdi para luego recrearla bajo una nueva mirada. Cada artista, al realizar su obra, la impregnaba y la mezclaba con la de los otros.
Además Traviata generó una experiencia inmersiva con el público.
Se realizó una primera parte en España desde el 2012 al 2014 y se presentó simultáneamente en Nueva York y Madrid.

En el 2014 viajé a Buenos Aires para buscar la mirada de los artistas del Sur.
Conseguí reunir un grupo de prestigiosos directores de teatro y cine para dirigirlo en el Centro Cultural Recoleta, además del apoyo del Teatro San Martín, pero después de buscar financiación infructuosamente durante más de tres años, en un país sumido en una permanente crisis, tuve que regresar a Madrid y el proyecto se quedó en stand-by.

Actualmente estoy inmerso en la serie “Somos parte de lo mismo”. Me dejo llevar al pairo del eclecticismo que me ha definido y atormentado durante todo el proceso creativo de mi existencia y trato de hacer un relato con la técnica que me pide cada obra. Ese es el reto que me mueve cuando me levanto cada mañana.

 

 

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